La reina Isabel II en Miami: así fueron las 10 horas de una visita única

La reina Isabel II cultivó una larga amistad con la Casa Blanca. Durante su reinado de más de 70 años realizó cuatro visitas de Estado, cinco cenas de Estado, y dos visitas extraoficiales. Fue en la tercera de esas visitas oficiales que la reina estuvo en la ciudad de Miami.

Fueron 10 horas de una agenda apretada, el 17 de mayo de 1991, en medio de la cual, la reina visitó una escuela secundaria y fue sorprendida por una tormenta de truenos.

Isabel II llegó de Washington acompañada de una comitiva en un avión supersónico Concorde poco antes de las 2 de la tarde: mientras desembarcaba, sonaron las notas de “God Save the Queen”. Vestía de azul y blanco, incluyendo sombrero —uno de sus accesorios más característicos— y guantes en esas gamas. En un recibimiento discreto, Miami le tendió la alfombra roja: la recibió el entonces gobernador de la Florida, Lawton Chiles, y el exalcalde de Miami, Xavier Suárez.

“Su Majestad, estamos felices de tenerla en Florida”, expresó Chiles en su manera sureña y campechana.

Así comenzó un agitado día de actos reales bajo el sol de Miami. La limousina partió hacia la escuela secundaria Booker T. Washington escoltada por una cabalgata de motocicletas. Para la protección de la reina, la ciudad y el estado desplegaron un impresionante engranado de seguridad.

John Williams, director del secundario, no pudo esconder su emoción por la visita. “Sé que estaba complacida”, contó luego a la prensa. Y agregó, sobre la banda de música de la escuela: “Me dijeron otros que la primera vez que la vieron sonreír fue cuando la banda comenzó a tocar”.

En el auditorio, otro grupo de estudiantes de la New World School of the Arts presentó Ciudad Mágica, una obra sobre Miami y su historia. También ellos quedaron visiblemente conmovidos cuando la reina y el príncipe Felipe, su cónyuge, los felicitaron: se dio el extraño caso de actores que se quedaron sin palabras.

Por donde quiera que pasaba, la reina causó revuelo. Grupos de miamenses se acercaron al aeropuerto para verla de cerca; otros cientos salieron a la avenida Brickell para saludarla. Se le podía ver sonriendo y saludando tras los cristales oscuros de la limousina.

Por supuesto, no faltaron las protestas: algunos manifestantes pidieron la retirada de las tropas británicas de Irlanda del Norte; otros, al grito de “¡Mandela! ¡Mandela!”, expresaron su descontento por el trato que había recibido el líder sudafricano en su visita a la ciudad. “Nelson Mandela fue desairado cuando vino, pero la ciudad se detiene por la reina”, expresó H.T. Smith, vocero de un grupo llamado Boicot Miami.

La suntuosa Villa Vizcaya, un deslumbrante complejo de arquitectura renacentista neomediterránea, fue el siguiente destino de su majestad. Le esperaba un acto en su honor con 350 VIP y el homenaje de un grupo de niños del Hospital Infantil de Miami, que le regalaron a la mandataria cinco relojes para cada uno de los cinco nietos que tenía por entonces.

Entre quienes se codearon con ella estuvo la ambientalista Marjory Stoneman Douglas, de 101 años. El alcalde condal, Steve Clark, entregó a la reina una copia del libro clásico de Douglas, Everglades: River of Grass (Everglades: Rio de hierba), para completar el encuentro entre ambas leyendas.

La visita a Vizcaya resultó breve, solo media hora: una inoportuna tormenta de truenos obligó a que se suspendiera la segunda mitad del encuentro, que tendría lugar en los jardines de la villa.

Desde el muelle junto la mansión, la reina abordó la barcaza real y se dirigió al Britannia, yate de más de 125 metros. El Ambuscade, una fragata de la Royal Navy enviada para escoltarlo, anunció la llegada de Isabel II al Britannia con un saludo de 21 cañonazos.

Luego de un descanso, el calor de la Florida en primavera ambientó la cena formal en la que 50 invitados especiales celebraron a su majestad. Entre ellos se destacaron los expresidentes Gerald Ford y Ronald Reagan, los entonces senadores por el estado de la Florida, Bob Graham y Connie Mack. El excéntrico gobernador Chiles llegó cargando una bolsa con un caracol, miel de azahar y mermelada para obsequiar a la soberana.

A la medianoche, la reina partió. Estas son algunas imágenes de aquel paso inolvidable por Miami de una figura política que marcó una época, cuya pérdida ha sacudido al mundo.

 

 

 

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