El Miami de Frank Sinatra: historias y lugares de la edad de oro

En el Miami de los ‘50 Lara Turner y Susan Hayward iban de compras a la tienda Saks de Lincoln Road, Marlene Dietrich comía con Nat King Cole en el restaurante del hotel Eden Roc, Gloria Swanson y Tennessee Williams aplaudían el stand up más risqué en Murray Franklin’s y Joe Di Maggio tomaba una copa en el en el Patio Club. Bob Hope, Lucille Ball, Judy Garland, Jerry Lewis y Debbie Reynolds eran habitués de la playa. Pero el dueño de la noche era Frank Sinatra, que se instalaba regularmente en el hotel Fontainebleau, tanto por trabajo como por placer.

Miami fue tan central para él como Nueva York, a la que dedicó una de sus canciones más famosas. El Fontainbleau se inauguró en 1954, a un año del estreno de la película que relanzó la carrera de Sinatra, malherida por sus escándalos amorosos y sus declaraciones políticas. Cada noche en el salón LaRonde Supper Club, Sinatra dio fama al Fontainbleau y el Fontainbleu, a Sinatra.

El hotel sigue en el número 4441 de la avenida Collins, flanqueado por las aguas del Atlántico y el Indian Creek, y rodeado de otros edificios impactantes, de los que fue el primero. Lo construyó Ben Novak, su primer propietario, con el diseño de Morris Lapidus: un estilo neobarroco que prevalecería durante dos décadas. Entre los inversores estuvo el mafioso Joseph Fischetti.

“El Fontainebleau es el gran monumento al consumismo y el espectáculo que hizo Lapidus”, dijo el autor de dos libros sobre Sinatra, James Kaplan. “Miami era una suerte de satélite de Las Vegas”. Y cuando la revolución en Cuba cerró los casinos y los night clubs, la playa de la Florida recibió a aquel público desorientado.

Y Sinatra le cantó. Al Fontainebleau fue el Rat Pack completo: la Voz, Dean Martin, Sammy Davis Jr., Peter Lawford. Se levantaban apenas el sol se ponía.

“Miami jugó un papel muy prominente en la carrera y la vida de Sinatra”, dijo Stuart Chase en 2015, cuando era director del Museo de Historia de Miami y organizaba una muestra por el centenario del nacimiento del cantante y actor. “Le encantaba venir de visita. Vivía en Palm Springs, California, pero su segundo lugar favorito era Miami, y luego el sur de Francia”.

En efecto, durante 20 años Sinatra visitó la Magic City: dos décadas que coincidieron con el pico de su fama. Sus trajes de USD 1.000 eran materia de admiración y sus peleas, que terminaban sus guardaespaldas, un espectáculo habitual para la policía de Miami Beach.

Allí filmó algunas de sus películas más recordadas: la comedia de Frank Capra Un hombre sin suerte (A Hole in the Head) y dos de los tres títulos de la trilogía sobre el investigador Tony Rome. También transmitió desde allí cuatro episodios de su programa de televisión, The Frank Sinatra Timex Hour.

A Hole in the Head se rodó en el hotel Cardozo, que todavía existe en el 1300 de Ocean Dr., South Beach: Sinatra interpretó a un viudo que trataba de sacar adelante el resort The Garden of Eden. La primera escena, que presenta los créditos, es una toma aérea de la playa en los cincuenta.

El personaje de Sinatra en Tony Rome vivía en un barco en Key Biscayne y el caso que le tocaba investigar, el robo de joyas en una mansión, se desarrolló en el Vizcaya Museum and Gardens, con una escena en el famoso gimnasio para boxeadores 5th Street Gym, donde se entrenaron estrellas reconocidas como Mohammed Ali.

La dama en cemento (The Lady in Cement), la segunda película de la trilogía, tuvo, además de las locaciones de Miami Beach, una escena en el night club Jilly’s, de North Bay Village, cerca de la Pequeña Buenos Aires, y otra en Biscayne Boulevard. Allí el famoso fotógrafo de celebridades Terry O’Neill tomó una imagen icónica: “Frank en la rambla es una de mis fotografías más memorables de Sinatra”, dijo. El Fontainebleau la incluyó en una muestra reciente, junto con otros materiales del Archivo Familiar de Ben & Bernice Novack.

El Presidente del Directorio (The Chairman of the Board), otro de los apodos de Sinatra, también se presentó en salas del hotel Eden Roc, que mantiene su encanto en el 4525 de la avenida Collins. En febrero de 1965 llenó a diario un auditorio para 1,800 personas, que lo escucharon cantar y lo vieron tomar su bourbon favorito, Jack Daniels.

Fue el comediante de Miami Jackie Gleason quien le presentó esa marca de whiskey, una noche en Nueva York, luego de un divorcio doloroso para Sinatra. Se aficionó tanto al emblema de Tennessee que fue enterrado con una botella en su ataúd.

Pero acaso la mejor historia de Sinatra en Miami haya sido el programa Frank Sinatra Timex: Welcome Home Elvis show: un concierto compartido con Elvis Presley grabado el 26 de marzo de 1960 y transmitido seis semanas más tarde. Elvis acababa de regresar de sus dos años de servicio militar en el ejército y estrenó la que sería una de sus canciones más conocidas, “Love Me Tender”.

Sinatra no era un fan del rock: “Huele a falso”, había dicho. “Mayormente lo cantan, lo tocan y lo componen unos idiotas, y su reiteración casi imbécil, y sus letras socarronas, lascivas —en realidad, obscenas— consiguen que sea la música marcial de todos los delincuentes con patillas sobre la faz de la Tierra”.

Sin embargo, lo presentó con gusto: “Siento que realmente cree en lo que hace”, dijo a la prensa que le recordó sus declaraciones. Cuenta la leyenda que su hija adolescente lo convenció. Además, él ya se acercaba a los 50 años y quería actualizarse, para nunca perder su corona aunque el pelo raleara en sus sienes. En mayo, cuando salió al aire el show, el dúo rompió récords de audiencia.

 

 

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